Gerardo Hernández

Reelección presidencial

Por Gerardo Hernández
Impresion Publicado el 06 de septiembre 2010

México y Estados Unidos celebrarán elecciones presidenciales en julio y noviembre de 2012, respectivamente. Significa que a Felipe Calderón y a Barack Obama les restan poco más de dos años al frente de Los Pinos y de la Casa Blanca. La diferencia es que uno puede reelegirse y el otro no. En el momento actual, la popularidad de ambos está en caída. El carisma y la propuesta de cambio del líder norteamericano, contra el “statu quo” que John McCain representaba, persuadieron a millones de votar por él y arrasó en las urnas. Sin embargo, hoy la historia es otra.
Cierto político comentaba, al respecto, que la popularidad de un gobernante empieza a descender tan pronto baja el brazo con el cual rindió protesta. Pasada la euforia de las elecciones y los vítores de la asunción vienen la toma de decisiones, los desarreglos, y con ellos el desencanto. Este es mayor si al gobierno lo preceden unos comicios como los de 2006, marcados por la sospecha. En un país donde el PRI ganaba siempre por varios cuerpos de ventaja, ver que la Presidencia se resuelve en un final de fotografía generará siempre suspicacias.
Transcurridos dos tercios de la presidencia de Calderón y la mitad de la de Obama, hoy se duda que sus partidos ganen las elecciones de 2012. En México las tendencias favorecen al PRI y en Estados Unidos la ultraderecha cosecha votos para los republicanos, además de que el ciudadano común muestra ya desilusión por el estilo de Obama. En dos años, sin embargo, pasarán muchas cosas; aquí y allá. Sucedió en la elección entre López Obrador y Felipe Calderón y en la de Al Gore y George W. Bush. Los primeros eran favoritos, pero a la hora de sufragar los ciudadanos decidieron otra cosa.
En el caso de México, el presidente Calderón envió su cuarto informe al Congreso el 1 de septiembre. Ante la imposibilidad jurídica de acudir al recinto legislativo, tal como la Constitución lo disponía en el pasado, se reunió en Palacio Nacional con representante de distintos sectores para reafirmar los ejes de su administración atribulada. El principal es el relacionado con la seguridad y la lucha contra la delincuencia organizada. En materia de empleo, la propaganda jamás alcanzará a la realidad.
La Presidencia en nuestro país pasó a ser, de elemento de cohesión política y social e institución todopoderosa, temible y venerada (dictadura perfecta, Mario Vargas Llosa “dixit”), a una que pocos respetan y es motivo de encono y discordia. El modelo actual parece agotado. En tales condiciones, seis años de gobierno son muchos. En el futuro tendrá que pensarse en periodos de cuatro años y la posibilidad de una sola reelección, como en Estados Unidos.
A nadie debe asustar, pues lo mismo sucede en Brasil, Chile, Argentina, Colombia. Si un presidente no funciona, ¿para qué soportarlo todo un sexenio? En cambio, si aligera la carga, asegura la paz, impulsa el acuerdo político y alienta el desarrollo económico y social, tendría hasta ocho años de gobierno. El paso se dará, tarde o temprano, incluso para terminar con el pernicioso futurismo que al país le cuesta millonadas.

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
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