La invocada desde la Iglesia es aquella que no permite que las parejas utilicen anticonceptivos...
Cuando se escucha a un ministro de la Iglesia convocar a "la cordura", en verdad, no hay claridad sobre qué significa, para él, esa palabra.
Por "cordura" se interpreta el sentido común que, además de ser el menos común de los sentidos, es el más influido por usos y costumbres de una sociedad determinada. Si ese "buen sentido" fuera la "mejor manera" de ordenar a una sociedad, seguiríamos viviendo en la época de la esclavitud (aunque sepamos que aún hay personas que viven "ese infierno", que sencillamente es la privación absoluta de la libertad y la explotación laboral sin límite), o en los tiempos en que las mujeres no podían asistir a la escuela, aunque, también hoy, a muchas se les impida.
La "cordura" invocada desde la Iglesia, además, es aquella que, entre otras muchas prohibiciones, no permite que las parejas utilicen anticonceptivos. Si los feligreses hubieran obedecido a sus pastores, los problemas de México se hubieran multiplicado de manera exponencial hasta niveles insospechados, inimaginables.
La igualdad entre los seres humanos ha sido una aspiración muy antigua, porque es la única base para la libertad. Y las religiones, casi todas, lo único que no pretenden es, exactamente, esa libertad: ya que si cada persona tuviera la fuerza para decidir por sí misma, el negocio con las creencias se vendría abajo.
No es lo mismo reconocer que puede haber o debe existir un "Ser superior", creador del universo, que seguir las recomendaciones de aquellos que afirman que ese Ser les habla al oído y les señala el camino que deben recorrer Juan o María, para vivir. Todos los movimientos sociales que persiguen la igualdad de derechos han tenido que vencer enormes resistencias. No es fácil cambiar y, menos, dejar de tener poder sobre las otras personas.
Las mujeres, al decir de la muy brillante abogada Alda Facio, llevan más de dos siglos persiguiendo la igualdad. Desde el siglo XVIII, cuando tuvieron que demostrar que somos personas (ya que los revolucionarios franceses: declararon sólo los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y a Olimpia de Gouges la decapitaron por publicar Los Derechos de la Mujer y la Ciudadana).
Luego, a principios del siglo XIX, se movilizaron internacionalmente, pues se habían firmado los pactos contra la esclavitud y contra todas las formas de tortura, sin considerar el lenocinio ni la llamada en ese entonces trata de blancas, formas claras de esclavitud y de tortura.
Cincuenta años después, en América Latina, logran el derecho al voto, lo que nos hace posible el acceso a los derechos políticos y que unas cuantitas mujeres lleguen a ser diputadas. Es hacia finales del siglo XX cuando se empieza a aceptar, gracias a ellas, que la violencia doméstica es un delito.
Ahora, estamos empeñadas en lograr la igualdad sustantiva y efectiva, esa que hará posible que más mujeres lleguen a los puestos de toma de decisión, con el fin de que se haga realidad la igualdad de tratos, oportunidades y resultados.
Así, la "cordura", para unos, significa inmovilizar a la sociedad; para otras, el acceso a derechos y a una mayor calidad de vida para todos.
'Cordura'
Comentarios
Guillermo Gamboa:agosto 30, 2010 10:26 a.m.
Me pregunto porque siempre las feministas toman de punto de partida los ordenamientos morales derivados del decálogo (de ahi parte la moral de la iglesia). Ignoro cuál será el culto religioso de la autora si es que tiene alguno, pero creo que ella igual ignora y tergiversa quizá sin mala intención el tema de los anticonceptivos. Efectivamente la iglesia no prohibe el uso de anticonceptivos, sino en positivo está a favor de la vida, que no es lo mismo. También está a favor de la dignidad de la mujer y se opone a cosificarla como mero instrumento de placer que bajo el uso de píldoras anticonceptivas o cualquiera de sus formas carece de freno y cuidado alguno por parte del varón y de ella misma. Amén de los riesgos de salud que incurre por el uso prolongado de estas hormonas. Es imposible por el espacio abundar sin embargo otórguele veracidad y sustento a sus líneas, es todo lo que le pediría con todo respeto.


