Hablar con la verdad

Por Gerardo Hernández
Impresion Publicado 2012-10-24

Lo que Humberto Moreria no hizo en su quinquenio, planificar, darle orientación al gobierno, rendir cuentas y preservar el estado de derecho, lo hace su sucesor y hermano Rubén.

Si el gobernador no recibe una administración caótica, sobreendeudada y con la confianza por los suelos, tendría menos dificultades para organizar el aparato gubernamental y menos presiones sociales, políticas y financieras para responder a las demandas de una ciudadanía cuya impaciencia es cada día mayor.

 

Cualquiera que sea la profundidad de la discordia entre los hermanos, derivada de las condiciones críticas en que el mayor de ellos recibió el estado y llevada incluso ya al terreno partidista, es claro que Humberto Moreira utilizó el gobierno como trampolín político, igual que antes lo hizo con la alcaldía y la secretaría de Educación. Hombre de reconocido carisma, audacia y popularidad, pero desprovisto de contenciones y de los más elementales principios de administración, el ex gobernador quería ponerse el mundo por montera, ser figura nacional. Lo fue nueve meses, como presidente del PRI, después vino la ignominia.

Forzado por las circunstancias o por convicción democrática, eso el tiempo lo dirá, Rubén Moreira empieza a actuar en sentido inverso. Primero la responsbilidad —hacer un buen gobierno y ordenar, hasta donde sea posible, el caos que dejó su hermano—, después el juicio por sus actos. Si es positivo, podría aspirar, sin desmesuras, a nuevas oportunidades, que seguramente no volverá a tener su predecesor; o más importante aun: el reconocimiento de los coahuilenses.

 

El jueves pasado, durante la presentación de los Programas Sectoriales y Especiales 2011-2017, Rubén Moreira hizo la que hasta hoy es la mayor diferenciación entre su administración y la de su hermano. El giro, de un gobierno a otro, es copernicano. Las condiciones imponen que así sea. Mientras eso sucedía en Saltillo, en Charlotte, Carolina del Norte, el presidente Barack Obama, quien busca reelegirse el 6 de noviembre, declaraba ante la asamblea del Partido Demócrata que la recuperación de Estados Unidos será larga y dolorosa. Advirtió que los gobernantes son nombrados para decir las cosas como son, no como el pueblo quisiera escucharlas.

La clave es hablar con la verdad. Humberto Moreria no lo hizo. En su quinquenio presentó un Coahuila idílico, sin deudas, seguro, justo, bonancible, con niveles educativos que la prueba Enlace acaba de refutar. El estado avanzó por su propio impulso y mucha de la nueva infraestructura la permitía el presupuesto, incluso sin deuda. El estado que Rubén Moreira presentó en el Ateneo es el real. Solo a partir de un diagnóstico veraz pueden acometerse los problemas más acuciantes desde su raíz: inseguridad, relajamiento de las leyes, penetración de la delincuencia organizada, complicidad de autoridades, permisividad social...

 

Lamentablemente, no toda la administración entiende la complejidad del momento ni responde a la confianza del gobernador. Cito hoy el caso del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, más ocupado en politiquería y en ocultar presuntos desvíos millonarios —en cualquier circunstgancia criminal, pero más ahora—, que en organizar unas elecciones, las municipales de 2013, que alejen a Coahuila del conflicto nacional. ¿Incongruencia? ¿Simulación?

(Nota. De haber sido la ceremonia en el Ateneo concurso de aplausos, el secretario de Desarrollo Rural, Noé Garza Flores, no habría tenido rival).

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
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